lunes, 20 de diciembre de 2010

PROCLAMA POR CASANARE Y POR YOPAL

En época de crisis e incertidumbre, nuestro deber  es refundar la política.

Me solventa la autoridad moral e intelectual de escribir esta proclama el hecho de ser docente de carácter oficial y prestar mis servicios en la ciudad de Yopal. Además, como civilista,  entiendo y comprendo que toda persona es representante de la especie humana y de su condición. La solidaridad es una ética de la vida.

“Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el mal ni el bien sean durables,  y de aquí se sigue que habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca”. Esta sentencia de Miguel de Cervantes Saavedra, a pesar de su lejanía en el tiempo, se ajusta como un guante a nuestra circunstancia histórica-social y es apropiada como referencia visionaria de lo que quiero clamar.

Del mismo modo la expresión “La virtud que nos salva es que no nos dejamos morir de hambre por obra y gracia de la imaginación creadora, porque hemos sabido ser faquires en la India, maestros de inglés en Nueva York o camelleros en el Sáhara”, de Gabriel García Márquez. Ella, además, nos evoca aquellas malicias indígenas e imaginación creadora que hoy se nos han refundido en medio de las descomunales vicisitudes.

“Casanare y, con más veras, Yopal están hechos,  desde el boom petrolero para acá, de desperdicios espectrales”, expresé alguna vez en el contexto de una reflexión crítica. Hasta hoy mi punto de vista permanece invariable y, algo más, la culpa es, por acción u omisión, de la clase politiquera y de aquellas personas procaces que han tenido vínculos administrativos con el departamento o el municipio.

En Casanare y en Yopal todavía seguimos siendo víctimas del conflicto de intereses sustentado por dos de los negocios más sustentables que, aún, perviven: la corrupción y el narcotráfico, amalgamados por el conflicto armado interno y la delincuencia de todo pelambre:

¿Cómo no tener en la memoria, como gérmenes de nuestra desdicha, el delirio petrolífico de aquel gobernante que solía repartir, como desperdicios de las regalías, billetes contantes y sonantes a sus alucinados seguidores  en las plazas públicas,  o la decisión demencial de aquel otro, cuya terquedad sin limite se confunde con el realismo mágico, de armar una expedición de unos mil bachilleres para mandarla a estudiar becada a tierras extrañas? ¿Cómo no tener presentes los actos cabeza de procesos que se le siguen a “dignas personalidades” y a otras las tienen en prisión?

Claro que nos martilla en los tuétanos el recuerdo de familiares, amigos y allegados asesinados, desaparecidos o desplazados de sus casas y parcelas en medio de un caldo social sazonado con dogmas irreconciliables e ideologías utilitarias de grupillos politiqueros a la vez enemigos y cómplices, y por supuesto que irrita ver por la Internet el reportaje de CM& donde se explica el alto índice de corrupción en Casanare e ilustra con videos las obras inconclusas. De la misma manera indigna el estilo paranoide de  aquellos que se rasgan las vestiduras ante la modificación del régimen de regalías. Son posturas que, en el fondo, sólo sirven para consolar el complejo de culpa y amordazar la mala conciencia.

Errar y hacer mal las cosas es de humanos, pero errar y hacer mal las cosas por codicia y a costa de la vida y de la dignidad de los demás es injustificable,  y amerita un castigo. Amerita que el Poder Judicial abra un proceso “de verdad, justicia y reparación”; mientras ello ocurre, concibamos y fabriquemos en nuestras conciencias nuestros propios “wikileaks”,  capaces de recordar y notificar en todo momento quiénes fueron los culpables de la desventura corrupta y tener el coraje de creer que aquellas malicias indígenas e imaginaciones creadoras siguen vivas dentro de nosotros para empezar otra vez por el principio y refundar el Casanare y el Yopal que merecemos para que nos merezcan.

La ocasión es propicia para poner a volar la imaginación creadora, reintegrarnos a nuestra propia grandeza con una conciencia nueva que nos permita refundar la política y hacer propia la ilusión de Miguel de Cervantes “y de aquí se sigue que habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca”. Que así sea.

Feliz navidad y un nuevo año prospero en el que  han de  sucedernos bien las cosas.

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