viernes, 20 de enero de 2012

CARTA ABIERTA AL PROFESOR GERMÁN SILVA

Yopal, 2 de diciembre de 2011



Profesor
GERMÁN SILVA
Director CEDEC
La Ciudad.


Cordial  saludo.

Desde mi llegada como docente al ITEY, vengo expresando la necesidad de gestar un viable y consensuado plan de mejoramiento institucional que nos garantice un pertinente diseño curricular.

Su presencia en el colegio me trajo alegría y expectativas las que, con el transcurrir de su estadía, se fueron extinguiendo. En lo que sigue, intento ampliar mi preocupación:

1.    En verdad, me inquieta que alguien, sobre todo del  ámbito educativo, recurra a amenazas e intimidaciones, de cualquier tipo y forma, como estrategia de abrirse camino en su exposición, y usted convirtió a los resultados del ICFES en “instrumentos técnicos de intimidación”. Usted dio a entender que  la esencia de una institución educativa es mejorar su “puesto” en los resultados del ICFES. Esto me quedó claro de usted.

2.    Si usted dice que debemos “sacar pecho” por estar bien ranquiados en el ICFES, entonces es porque nuestro atomizado diseño curricular funciona en gran medida, tiene aspectos rescatables. ¿Por qué no se hizo esta valoración? ¿Por qué desconocer todo e implementar las tales mallas? Tal sustitución, así por así, me inquieta. Faltó un ponderado diagnóstico y una consensuada alternativa de instrumento o formato programador.

3.    Nuestro sistema de evaluación del aprendizaje está estructurado con base en la triada SER – SABER – HACER que, como se sabe, se extiende al departamento. Me inquieta que este hecho central no se haya tocado en la nueva propuesta curricular. ¿Qué vamos a hacer con la triada? ¿Dónde enmallarla?

4.    Por ahí se dice que “lo engorroso lleva consigo gato encerrado”. Me atrevo a decir que la malla curricular propuesta es, en las condiciones actuales del ITEY, inoportuna  e inconveniente. Un verdadero plan de mejoramiento ha de garantizar, ante todo, que los maestros, como actores principales del acto educativo, empiecen a experimentar gratificación, placer y goce del quehacer pedagógico. Y esto lo garantiza un curriculum o un camino flexible y consensuado que,  poco a poco,  se irá ajustando.
Soy de los que piensan que las mallas curriculares tupidas de columnas y de reglas técnicas curriculares se tornan pesadas, ineficaces, rígidas; hoy por hoy, debido a la dinámica de los contenidos de estudio, a la manera de aprender y de enseñar, los currículos reclaman flexibilidad, agilidad y funcionalidad. En este orden de ideas, propongo que se parta o se inicie el proceso curricular desde nuestros formatos actuales e irlos mejorando, mejorando, mejorando, mejorando simultáneamente con la práctica pedagógica de los docentes. Reitero: pienso que el propósito central es ¿cómo mejorar la práctica pedagógica (todo su quehacer) de los docentes? ¿Cómo evitar que las mallas vayan por un lado y los docentes por otro?

5.    No quedé convencido de la sustentación que presentó del Modelo Pedagógico Social. En el ambiente quedó la sensación de haber traído de los cabellos el modelo  y presentado como lo bueno nuevo. No puedo negar que percibí aprensión y flaqueza de la validez y confiabilidad de los resultados de la encuesta y sus representaciones. Este episodio del modelo requirió de muchas aclaraciones.

6.    Lamentable  que no haya habido un espacio para la discusión, aclaraciones y acuerdos.

Gracias por su atención.



Atentamente,


GUILLERMO LEÓN VARGAS ZAPATA
    Profesor de Matemáticas, ITEY

SABER - HACER - SER, Triada de repensar

Por Guillermo León Vargas Zapata
Área de Matemáticas, ITEY.


Poco interesa saber de dónde salió la idea de implementar en el currículo esta triada, pero preocupa que no esté fundamentada, argumentada y justificada (Si existe, no conozco), y, sobre todo, que carezca de una práctica metodológica o técnica de implementación. Por ello cada maestro hace uso de ella según su saber y entender. Su aplicación es una Torre de Babel. ¿Cómo no repensarla?

Abro aquí un paréntesis para lo siguiente: el maestro y directivos docentes son el SOPORTE del Saber Pedagógico. Es decir, tienen el deber de permanecer equipados por un dinámico cuerpo conceptual que les permita dar cuenta de la naturaleza, sentido y significatividad de los términos, conceptos, nociones y prácticas que estructuran o configuran el quehacer escolar. Si esto no es así, entonces el maestro y directivos docentes se convierten en  funcionarios del montón que peregrinan o deambulan sin rumbo por el ámbito escolar. Se vuelven unos admirados zombis.

Retornemos a la triada. En 1972 la UNESCO hizo público el informe Aprender a ser, justificada por el temor a una deshumanización del mundo debido a la revolución tecnológica y el riesgo de alienación de la personalidad de niños y jóvenes. Fue poco lo que la escuela pudo hacer al respecto en aquellos momentos. En 1996 la UNESCO, frente a los numerosos desafíos del porvenir y la necesidad de   progresar hacia los ideales de paz, libertad y justicia social, contribuye con el documento La educación encierra un tesoro. Transcribo textualmente del Capítulo 4 – Los cuatro pilares de la educación – lo siguiente:

“El siglo XXI, que ofrecerá recursos sin precedentes tanto a la circulación y al  almacenamiento de informaciones como a la comunicación, planteará a la educación una doble exigencia, que, a primera vista, puede parecer casi contradictoria: la educación deberá transmitir, masiva y eficazmente, un volumen cada vez mayor de conocimientos teóricos y técnicos evolutivos, adaptados a la civilización cognitiva, porque son las bases de las competencias del futuro. Simultáneamente, deberá hallar y definir orientaciones que permitan no dejarse sumergir por las corrientes de informaciones más o menos efímeras que invaden los espacios públicos y privados,  y conservar el rumbo en proyectos de desarrollo individuales y colectivos”.

Para cumplir los retos propios del siglo XXI, la UNESCO propone que la educación en el mundo se estructure en torno a cuatro dimensiones humanas básicas: “Aprender a conocer, es decir, adquirir los instrumentos de la comprensión; aprender a hacer, para poder influir sobre el propio entorno; aprender a vivir juntos, para participar y cooperar con los demás en todas las actividades humanas; por último, aprender a ser, un proceso fundamental que recoge elementos de los tres anteriores. Por supuesto, estas cuatro vías del saber convergen en una sola, ya que hay entre ellas múltiple puntos de contacto, coincidencia e intercambio”. (Invito a leer este documento)

En verdad, esto de aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser ha sido una preocupación desde la Antigüedad griega. Aristóteles, por ejemplo, ya nos hablaba de las cuatro causas para hacer referencia a la comprensión de la realidad y del ser en cuanto ser. Pero fue Kant quien se dio a la tarea de poner las cosas en limpio; él se formula tres preguntas: “¿Qué puedo conocer? ¿Qué debo hacer? ¿Qué me está permitido esperar? La primera la responde con el libro Crítica de la razón pura; la segunda con su obra Crítica de la razón práctica y la tercera con el texto Crítica del juicio. Tengan la seguridad de  que la obra de Kant nos hace valiosos aportes para ganar sentido y comprensión de la triada en cuestión.

Por aquello del espacio, apresuro el final con lo siguiente: 1. Hay confusión con la triada como criterio de evaluación o como contenido de aprendizaje;  2. El aprender a hacer, ha quedado reducido a una “nota” que pone el docente; 3. El aprender a ser (¿este ser es un verbo o un sujeto?) se queda en contrastar deberes del Manual de Convivencia; 4. Como están las cosas,  la triada está perjudicando el mejoramiento académico y de formación, más si en un día se “arreglan notas” porque sí; 5. En próximo documento sustento que dicha triada debe convertirse en competencia básica de valoración, es decir, en eje dinamizador del desarrollo curricular de cada área se saber o asignatura.