lunes, 7 de febrero de 2011

2011: AÑO ELECTORAL (Primera Parte)

Por Guillermo León Vargas Zapata

Profesor ITEY gleonvaz@yahoo.es

Los politólogos nos aconsejan que, cuando las sociedades se encuentran  en crisis y se hacen intentos de superarla, la mejor decisión sea refundar la política. Pensar este postulado para el caso particular de Casanare, nos exige responder, por lo menos, las siguientes inquietudes: ¿se encuentra Casanare sumida en alguna crisis? ¿Está la sociedad casanareña dispuesta a emprender acciones para superarla?

Es común escuchar, en los distintos sectores sociales, voces que confirman la existencia de crisis en Casanare. En efecto, además de la presencia de grupos armados, que imponen líneas de conducta, hace carrera el asalto o captura de las estructuras administrativas de poder por la alianza de dichos grupos armados y políticos corruptos. En consecuencia, la corrupción es la matriz de todas las otras crisis; mejor dicho, los corruptos son los generadores de crisis. ¿Pueden los ciudadanos poner en cintura a los corruptos? ¿Cómo distinguir en el proceso electoral una candidatura corrupta?

En relación con la segunda inquietud, pienso que la sociedad Casanareña sí cuenta con la disposición para emprender acciones que apunten a superar la corrupción. Prueba de ello se notó en la actitud asumida ante el hecho de la reglamentación de las regalías. Esta actitud de rechazo a la corrupción se multiplicaría  si se lograra integrar algún mecanismo organizativo que se encargue de agitar dicha decisión patriótica. Y como docente, entiendo y comprendo que el magisterio, como sector social comprometido con la ilustración, la justicia y la equidad, sería la mejor alternativa humana para asumir la mencionada tarea. (En la próxima columna hablaré sobre esta alternativa).

Refundar la política es un asunto de la civilidad y la modernidad con el fin de rescatarla de las manos de los corrompidos. Si empezamos por determinarle a la política un nuevo horizonte de sentido o significatividad, entonces estamos dando   los primeros pasos hacia su refundación. Así que entiendo por Política la posibilidad que tenemos las personas de acercarnos y comunicarnos guiados u orientados por algún interés. Nos acercamos a través del pensamiento y nos comunicamos a través del lenguaje;  así que pensamiento y lenguaje constituyen
La base de la política, su razón de ser.

Poner en acción el pensamiento y el lenguaje, es decir, desplegar la práctica política, exige dilucidar unas pretensiones de validez o enunciaciones con fuerza de legalidad: la verdad, la rectitud, la sinceridad y la comprensión. De modo que “hacer política” exige la verdad (en lo que se dice o hace no hay engaño), exige la rectitud (en lo que se dice o hace no se violenta o atropella la soberanía de nadie), exige sinceridad (en lo que se dice o hace hay franqueza, se dice lo que se piensa) y exige comprensión (una expresión o un hacer que se entienda por los receptores o espectadores)

En conclusión, una buena práctica política se configura desde la verdad, la rectitud, la sinceridad y la comprensión. Intente descubrir estas dimensiones humanas en su candidato, si no las encuentra dele la espalda, busque otro.









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