Por Guillermo León Vargas Zapata
Profesor ITEY gleonvaz@yahoo.es
Marchábamos los maestros de la Alcaldía a la Gobernación denunciando la precariedad del servicio en salud que nos presta Colombiana de Salud y exigiendo su mejoría cuando un padre de familia, apostado en la vera de la marcha, quiso informarse del porqué suspendíamos las clases, del porqué dejábamos a los alumnos sin clases. La actitud del padre de familia como que molestó a algunos colegas porque la compañera que controlaba el micrófono intentaba, algo irritada, responderle. “Cuando los docentes marchamos exigiendo mejoría en el servicio de salud, también estamos reclamando por la salud de los padres de familia, de sus hijos y del pueblo en general”, empezó a salir a borbotones por los altoparlantes, y un coro machacaba “! Compañero mirón, únete al montón! ” “! El maestro luchando, también está educando!” “! El pueblo unido, jamás será vencido!”
Soy de los que piensan que esto también es lo que tiene que cambiar, cambiar la estrategia de hacernos sentir, de exigir nuestros derechos y de ganar la simpatía de amplios sectores sociales. Esta es la gran revolución que planteó el Movimiento Pedagógico, pero que un sector arcaico, dogmático y sectario de FECODE se empeñó en torpedear de manera sistemática. Es necesario que volvamos la atención hacia lo esencial, hacia lo fundamental, hacia la Pedagogía y el conocimiento. Muy triste y deplorable decir que un grueso grupo de maestros la tomado distancia de la Pedagogía y se ha refugiado en una práctica educativa estéril, rutinaria, autoritaria y que perpetúa el estado de cosas.
Bajo esta perspectiva, sospecho – junto con un sinnúmero de colegas – que el eterno conflicto entre maestros y el gobierno no es más que una sutil estrategia de la que se benefician expresiones políticas e ideológicas enquistadas en el magisterio y, también, el propio gobierno para destruirnos la dignidad, usurparnos nuestra identidad profesional y señalarnos de cómplices con aquellos que no les interesa que nuestro pueblo se eduque y progrese. ¡Basta de seguir haciéndole el juego a esta trampa ideológica! Necesitamos recrearnos como personas y profesionales de la Pedagogía y modernizar nuestro quehacer.
Indicación de la mencionada estrategia es que el Estado asume que nosotros los maestros no podemos pensar ni diseñar alternativas innovadoras en educación, y, entonces, nos determina – con pelos y señales – todo lo que debemos enseñar, cómo, cuándo, en qué tiempo y en qué orden. Y nosotros le hacemos el juego: no hacemos esfuerzo por superarnos, no producimos alternativas, le sacamos el cuerpo a los compromisos y todo nos da pereza. FECODE ni los sindicatos seccionales cuentan con proyectos pedagógicos alternativos, viables y aglutinantes.
En este horizonte de sentido, sólo un maestro que tome la decisión de ser participativo, constructor de Estado, soporte del saber pedagógico, de la ciencia y la cultura puede ser un transformador social. Sólo un maestro que cultiva el gusto por el arte y la vida, puede formar niños sanos, alegres, libres, seguros y conscientes de sus derechos y deberes.
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